Hace más de dos mil quinientos años los pueblos celtas celebraban el final de la recolección de la cosecha, el recogimiento del ganado en los establos y el advenimiento de una nueva estación, el invierno, el primer día de Noviembre. La noche del 31 de Octubre, víspera del año nuevo en la cultura gaélica, rendían honores a Saman, caballero de la muerte, mediante sacrificios y el encendido de fogatas sagradas. Según la creencia popular, cuando el verano emitía sus últimos estertores y el día y la noche parecían estar más cercanos, la frontera que separa el mundo de los vivos…

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